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Miércoles, febrero 21, 2018
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La guerra del agua y sus pendientes

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CUERNAVACA, MOR. – (Fotos: Tizoc Cuéllar) Con el anuncio de José Pérez Torres, director del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (Sapac) en el sentido de que el Ayuntamiento y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) llegaron a un acuerdo “favorable” para ambas partes; este jueves 18 de mayo, se pone –o debiera ponerse fin– a una de las crisis de escasez en el servicio más importantes que haya tenido la ciudad.

Para el 03 de mayo pasado, el Ayuntamiento de Cuernavaca había ya informado de estas negociaciones mediante un comunicado de prensa. Anunciaban que la crisis estaba a punto de terminar “gracias al diálogo y las gestiones del presidente municipal, Cuauhtémoc Blanco Bravo, la CFE, no realizará más cortes de energía a los pozos abastecedores operados por el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (Sapac).”

El comunicado decía que se había acordado la instalación de una mesa de trabajo permanente entre autoridades municipales y de la paraestatal que iniciaron el pasado 4 de mayo al medio día – en las que “se revisarán ajustes en montos y tarifas de cobro, debido a que en algunos pozos la facturación por el servicio de energía eléctrica no correspondía a la tarifa del servicio de distribución con la que opera el SAPAC, sino a la industrial, en algunos casos.”

En este contexto, el anuncio es una bocanada de aire fresco al enrarecido ambiente de opinantes, que los hay para todos los gustos, todos buscando reflectores. Pérez Torres dice que en el arreglo se habla de pagos mensuales, y si bien no revela la cifra, pues dice que no se ha acordado todavía, esta es “pagable”, establece que el último pago deberá verificarse en noviembre de 2018. Lo que permitirá al actual gobierno municipal salir sin dejar deuda alguna.

En el contexto de este anuncio, vale la pena repensar las aristas del conflicto, que evolucionó en el involucramiento de actores y sectores que, de una u otra forma, tienen las miras puestas en las elecciones de 2018.

La escasez rampante

Doña Eulalia abre la llave. Me mira y me dice: — ¿Ya ve? No sale ni una gota. Ella y el resto de sus vecinos carecen de agua desde hace como un mes. Dice: “Nos habíamos puesto de acuerdo para hacerle unos diablitos al pozo y echarlo a andar, pero a la hora de la hora nos dio miedito.”

Todos los testimonios son semejantes: “Eso sí, a los pobres nos siguen cobrando. –Tercia Doña Elena– Ahí tengo mi recibo, y dicen que me están cobrando el aire. Y ahí andamos, pagando el aire y comprando agua en pipas, que nos cuestan como 450 ó 500 cada una y compramos una cada semana.”

Nos cuenta lo que pasa con el agua en muchos lugares al mismo tiempo: — Agua no hay, pero si llega a venir, cae así un chorritito, pero chiquitito, chiquitito… Y todavía vienen y nos avisan: “Ya les echamos el agua.” Como será ese chorritito, que si el agua cae durante dos noches seguidas no se llena la cisterna. Esa misma que se llena con una pipa.”

–Ya no sabemos qué hacer porque ora ni la pipa, ya la pedimos desde ayer y están que no nos la traen.

Una voz masculina se levanta en medio de las declaraciones de las vecinas. Es Don Beto, quien luego de retarnos a entrar a su casa “y’ver si aguantan el desmadre para que vean lo mal que se pueden poner un lugar” por falta de agua.

–Eso sí. Si el domingo no cae el agua, –nos dice aún Don Beto—les vamos a bloquear la avenida Plan de Ayala a la altura del Seguro pa’ ver si no nos oyen; y no nos vamos a ir hasta que nos den agua o hasta que no venga Blanco y nos diga si puede o si no, mejor que se deje de andar en la política.

No quieren salir en fotos. “Ya ve lo que pasa, como con el de la feria”.

El fantasma de la sequía

Lo llaman Estiaje, pocos lo saben, pero el término viene de la voz francesa étiage, que significa: “Nivel más bajo o caudal mínimo que en ciertas épocas del año tienen las aguas de un río, estero, laguna, etc., por causa de la sequía”, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua. Pero eso no importa, cada año se repite.

La situación redunda por todo Cuernavaca. Esta vez se ha agravado por un adeudo con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), esa empresa de clase mundial, que ha dejado sin energía los pozos por un adeudo millonario ¿los habitantes de una ciudad se quedarán sin agua? No importa, es el procedimiento.

La falta de agua se ha transformado en un capítulo más de una historia de confrontaciones políticas entre los gobiernos estatal y municipal, que desde hace mucho se enfrentan en todas las arenas posibles, con todas las armas posibles, incluidos los bots propagandísticos en las redes sociales.

La fuerza de esta guerra es grande. La abundancia de los recursos, mucha. El agua lamentablemente, poca. “Se le llama líquido vital por algo, insiste Don Beto, aunque de mugre no se muere uno, un ser humano no debe vivir así, una colonia o una ciudad, menos. Ya quiero yo ver a Don Graco que viva no una semana, sino tres días sin agua ni en sus regaderas, ni en sus llaves, ni en su cisterna, a ver si aguanta lo que nosotros.”

Se alejan con sus garrafones vacíos para llenarlos en un canal cercano. Don Beto es el que va a cargarlos, las señoras no se los aguantan, Doña Eulalia menos, que ya rebasa los setenta años. A Doña Elena le da pena que él cargue todo, así que de regreso empuja su garrafón por el suelo arrastrándolo como puede, porque no tiene familia que la ayude.

La guerra de las cifras

Durante la crisis se ha desatado una guerra de cifras, mientras el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC) reportaba que tenía cubierto con el servicio al 98% de la población, sus detractores hablaban de 70 pozos apagados, y de un 80 por ciento de cuernavacenses sin servicio.

El optimismo refrescó el ambiente cuando se hizo el anuncio de las negociaciones con CFE, pero el problema continuó. José Pérez Torres, director del Sapac, informaba que se instalaría una mesa de trabajo “para establecer un calendario de pagos de la deuda histórica que heredaron a Cuernavaca las administraciones anteriores, desde 2009, la cual tan solo al iniciar este gobierno ascendía a 27 millones de pesos.”
Para enrarecer más el ambiente, los diputados panistas, Alberto Mojica Linares, y Carlos Alanís Romero, iniciaron una ronda de declaraciones en las que se habló de irresponsabilidad municipal, de crisis estructural, solicitaron auditorías, cuestionaron manejo de ingresos etcétera, sin proponer medidas, gestionar recursos, mediar en las negociaciones o desarrollar alguna acción el mismo día que el Gobierno estatal iniciaba su “apoyo mediante pipas”.

Desde la iniciativa privada, representantes de varias cámaras industriales y organismos patronales, llamaban a rueda de prensa para emitir un sonoro “Te lo dije”. Según su discurso, desde noviembre de 2010, “la sociedad organizada, a través del centro del Investigación Morelos Rinde Cuentas, presentó a SAPAC siete propuestas para duplicar sus recursos y que, en vez de recibir anualmente 300 millones de pesos, sus ingresos fueran de 600 millones”.

Estos representantes sociales urgieron en ese momento que el SAPAC entre en un proceso de reingeniería económica para sanar sus arcas, brindar un mejor servicio, y evitar problemas de desabasto por falta de equipo y falta de pagos a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Decían que sus recomendaciones, incluían mejoras en los procesos de cobro, digitalización de medidores de consumo, reducción de nómina, finiquito de descuentos discrecionales y un programa de congelación de plazas, así como atender correctamente las tomas clandestinas.

Y justo cuando cualquier observador de la realidad del estado de Morelos podría ponderar que el discurso de los empresarios, quienes acusaban al gobierno municipal de intransigencia y se lamentaban de no ser incluidos en el Consejo Consultivo del SAPAC, tenía un origen más allá de su propia voluntad, atacaban al Gobierno del estado por anunciar su apoyo a la ciudadanía a través de pipas, afirmando que la ayuda a los ciudadanos afectados mediante pipas de agua potable era un elemento a fin de obtener beneficios políticos y no por el beneficio a las familias de Cuernavaca.

La guerra de las pipas

El gobierno del municipio explicaba desde el 3 de mayo que las colonias afectadas, como Lázaro Cárdenas del Río, Patios de la estación, Lomas de Cortés, Teopanzolco, Reforma, Acapantzingo, Ruiz Cortines, Centro, Amatitlán, Chamilpa, Antonio Barona, Chapultepec, Emiliano Zapata, Milpillas, Texcaltepec, Lomas de Vista Hermosa, Flores Magón y Satélite recibirían a través de la Dirección Operativa, camiones cisterna con agua.

Por su puesto se trataba de una solución a medias, las pipas eran insuficientes, y la población afectada mucha. Tanto que, para el 8 de mayo, el Ejecutivo del estado, a través de Matías Quiroz Medina su secretario de Gobierno, anunciaba la participación de 10 pipas de la Comisión Estatal del Agua (CEAGUA) cuyo objetivo era dar su “apoyo a la ciudadanía de Cuernavaca”.

Ante las versiones de que la medida había sido tomada porque el gobierno municipal había pedido ayuda al estatal, el SAPAC negó “de manera categórica que haya solicitado el apoyo del Gobierno del Estado de Morelos para atender una contingencia que no existe.”

Añadían en su comunicado que “El Gobierno del Estado no ha entablado comunicación con el SAPAC para coordinarse con la supuesta distribución de pipas de apoyo.” Y dejaban en claro que “Estas acciones confirman lo dicho por el presidente municipal, Cuauhtémoc Blanco Bravo, de que el Gobierno del Estado insiste con dañar la administración con el pretexto de la falta de agua.”

En su momento, las autoridades municipales advertían que “la campaña iniciada por el Gobierno de Morelos en la donación de pipas podría lastimar más las ya dañadas finanzas del Estado.” Y hacían notar que “Existe la posibilidad de un probable desvío de recursos que no están etiquetados para estas acciones, debido a que el Gobierno de Morelos, ni la Comisión Estatal del Agua (CEAGUA), cuentan con el equipo e instrumentos necesarios (garzas) para abastecer los carros cisterna.”

Por su parte, el titular de la CEAGUA, Juan Carlos Valencia Vargas, acusaba al SAPAC “ponerle trabas” e impedirle cargar agua en las fuentes establecidas para el caso.

“Hemos estado recibiendo muchas negativas en diferentes fuentes de abastecimiento, aparte de que les estamos ayudando, nos niegan el poder cargar agua para abastecer a la población, por lo que estamos cargando hasta Civac en el municipio de Jiutepec ya que el municipio de Cuernavaca se niega”.

Por si fuera poco, en redes sociales empezaron a circular comentarios en torno a la calidad del agua que las pipas del gobierno estatal repartían; se dijo que estaba contaminada o no era potable, por lo que Valencia negó que fuera así, no sin recomendar que antes de ser consumida debía hervirse.

¿Potable o no pues? ¿Sí? ¿Por qué hervirla? ¿No? ¿Bastaba con hervirla? Un cambio de agenda en las actividades de Juan Carlos Valencia Vargas, nos impidió saberlo, pues la entrevista programada en su despacho no fue reprogramada.

Los pozos de la discordia

Más allá de las guerras y de sus soluciones, hay realidades que saltan a la vista. Durante uno de los recorridos realizados para el desarrollo de este reportaje, pudimos constatar el estado de los pozos, y al margen de los cortes de energía eléctrica, se encuentran muy necesitados de mantenimiento.

Rejas, bardas perimetrales, equipos, tuberías, conexiones, válvulas y llaves reflejan una realidad de escasa inversión. Una suerte de abandono cuyas causas pueden ser muchas. No se trata de algo que competa en exclusiva a una autoridad, se trata del equipo que potabiliza el agua de la capital del estado y, en consecuencia, de un punto importante para la salud de sus habitantes.

Los pozos del SAPAC siempre han sido la discordia. Se ha hablado de hacerlos eficientes a través de su entrega a organismos reguladores autónomos de carácter vecinal; hay quien ha propuesto su privatización o al menos la de su manejo. Mucho se dice, poco funciona.

Mientras, hay hierba silvestre, grafittis, pintura desconchada, óxido, letreros casi borrados, rejas abiertas, equipos expuestos, llaves de empaques gastados que lloran gota a gota mares que hacen falta en otro lado, cajas y cables quemados, medidores que vieron mejores tiempos, vehículos abandonados, tanques elevados que piden pintura nueva, paredes con musgo y letreros a mano, entre muchas otras cosas.

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Juan Pablo Picazo (Cuernavaca, México, 1967) Periodista, poeta y narrador. Autor de las columnas Onirosofía, Noctívago, y El ornitorrinco publicadas en La hormega, blog literario y político, ha publicado los libros Palabras pendientes, (Sedesol/Gobierno del estado de Morelos, 1995) y Crónicas de la ciudad Tlahuica y otros cuentos (Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2000). Su obra ha sido antologada por Margo Glantz en Flores de baria poesía en la Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México; en Letras y andanzas (Perro Azul, Cuernavaca, 2005); en Las virtudes (Alforja, 2007), y La Calle: domicilio conocido (Ediciones Clandestino, 2010). Actualmente es director editorial de Eje Sur Morelos (www.ejesur.com.mx), una de las empresas del Centro de Comunicación Digital (Cecom).
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