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Domingo, noviembre 19, 2017
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Apuntes del ornitorrinco

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¿Quién eres?

Hace tiempo, al iniciar mis clases sobre literatura, periodismo, historia, opinión pública y otras semejantes en alguna universidad privada del estado, solía principiar cada ciclo con una pregunta que cada estudiante debía responderse: ¿tú quién eres?

Obtenía entonces respuestas de todo tipo: sus nombres, sus ocupaciones, sus gustos, sus filiaciones, enojos, disensiones, angustias, proyecciones futuras y hasta lo que no eran, pero nunca quiénes sí.
Por supuesto. Era sólo un ejercicio de calentamiento. No se trataba de lanzarnos de lleno a las furiosas y a menudo enfrentadas corrientes filosóficas en torno al asunto, sino de abrir un estado de alerta mental que pudiese permitirles una permanente disposición a la duda razonable, a no dar nada por sentado, como conviene a todo escritor o a todo periodista, según yo, pues nuestra labor depende en mucho de conservar y fomentar nuestra curiosidad y nuestra capacidad de asombro.

Cómo sea, lo que verdaderamente cuenta es que el mundo y la gente no cesan de asombrarnos y quienes no concebimos la vida sin la escritura, trabajamos la palabra por una imperiosa necesidad ya de explicarnos el entorno, denunciar su aspecto terrible o, simple y llanamente, para encauzar nuestras locuras y/o corduras respectivas, siempre sin embargo, porque tampoco podemos dejar de hacerlo.

¿Quién soy?

A veces sin embargo, y sobre todo a los más jóvenes, la sombra de una duda acomete nuestro oficio, arte o profesión, -como mejor gusten o sea cual sea el caso de la fe con que profesen- ¿Soy un escritor? ¿Soy narrador? ¿Soy poeta? O si se ejerce más de un arte, como la pintura o la fotografía por ejemplo, la cosa se pone peor.

Algo semejante ocurrió conmigo. Yo era –soy—un amasijo de dudas por resolver, de decisiones por tomar y uno supone que en los experimentados puede encontrar apoyo, guía, pero no necesariamente, mejor dicho casi nunca ocurre tal cosa.

En cierta ocasión, cuando preparaba mi camino para el planteamiento de algunas de mis dudas a cierto autor mexiquense que en su oportunidad coordinaba el primer encuentro de jóvenes escritores al que asistí en Valle de Bravo, atajó mi cuidadoso discurso con sarcasmo, expuso mi duda antes siquiera de que pudiese plantearla y se burló de mí gozosamente delante del coro de sus admiradores. Eso es lo que ocurre cuando han dejado de lado la duda constructiva y se suponen mesías laicos para casi todo.

Coincido con Rainer María Rilke cuando opina que el autor con verdadera vocación es como los niños que juegan, quienes no se cuestionan la pertinencia de su oficio o de su rol social, lo acometen con pleno deseo y siguen de frente, va. Pero también creo lo contrario, por muy fuerte y definida que sea la vocación de un escritor, siempre llega el momento en que siente el deber de reflexionar sobre el acto de creación mediante la palabra.

Y es que el autor se advierte a sí mismo diferente, tocado por una vocación que en nada tiene que ver con una pose, con la labor de un orientador vocacional o un reconocimiento social y no obstante, se llega a un punto en el que resulta imprescindible aclararnos quiénes somos y qué instrumento tocamos en el concierto del cosmos y más aún, necesitamos saber si nuestros circunstantes han comprendido también la naturaleza de nuestro trabajo, que es nuestra propia naturaleza.

Para la mayoría todo esto nada significa, en torpe y baladí. Se ocupan en las tres características del dasman que Heidegger señalaba: la avidez de novedades, las habladurías y la ambigüedad, que proporcionan una vida blindada contra la consciencia y los despiertos, y aún se desarrollan en vanidades y ciencias y verdades que sirven sólo a su propia expoliación y la de generaciones venideras. Eje Sur Noticias | Morelos

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Juan Pablo Picazo (Cuernavaca, México, 1967) Periodista, poeta y narrador. Autor de las columnas Onirosofía, Noctívago, y El ornitorrinco publicadas en La hormega, blog literario y político, ha publicado los libros Palabras pendientes, (Sedesol/Gobierno del estado de Morelos, 1995) y Crónicas de la ciudad Tlahuica y otros cuentos (Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2000). Su obra ha sido antologada por Margo Glantz en Flores de baria poesía en la Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México; en Letras y andanzas (Perro Azul, Cuernavaca, 2005); en Las virtudes (Alforja, 2007), y La Calle: domicilio conocido (Ediciones Clandestino, 2010). Actualmente es director editorial de Eje Sur Morelos (www.ejesur.com.mx), una de las empresas del Centro de Comunicación Digital (Cecom).
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